miércoles, 2 de mayo de 2012

Un cuento erótico - el placer de una paja -


" Si nunca has disfrutado de tu cuerpo...  como vas a disfrutar de un cuerpo ajeno?"




Es cierto que las mujeres, aunque no se crea, con relativa frecuencia recurrimos a la masturbación a fin de calmar las ansiedades, y por eso yo no soy la excepción. Ante la ausencia de una buena polla, nada mejor que disfrutar de manera personal aprovechando la versatilidad de los dedos, un buen consolador, agregando una buena dósis de cerebro. En esas ocasiones que no son nada extrañas, me gusta estar con plena comodidad, y para tal efecto, desnuda sobde la cama, inicio el ritual que debe transportarme a las más elevadas cotas de placer.





Comienzo por acariciarme los senos que se van poniendo duros y elevados los pezones, recorro esos globos y aprieto las puntas que se ponen como balas a punto de dispararse. Trato de besarlas con mis labios y lamo esas durezas, a la vez que aprieto las piernas sintiendo como se va humedeciendo mi crica. Con el calor que va recorriendo mi cuerpo voy deslizando una de mis manos mientras la otra sigue estrujando las tetas. La mano recorre el vientre y llega a la entrepierna palpando la vellosa humedad de la conchita. La voy acariciando de manera suave, mientras siento como la rajita reclama más acción.











Voy abriendo las piernas y dejo que uno de los dedos se vaya hundiendo entre los rosados labios a la vez que aprieto el clitoris que ha hecho presencia emocional destacándose entre la chochita. Uno o dos dedos entran entran y salen de la raja, mientras imagino que una dura verga cumple su misión en ese entrar y salir, a cada segundo con más intensidad. Anhelando algo más duro, suspendo el accionar de los dedos, y buscando el consolador lo humedezco llevándolo a la boca, transportándome en la mejor mamada. La resistencia de mi cuerpo se va venciendo, y soñando la más especial cogida, voy hundiendo el vibrante consolador en la raja. Su movimiento intertior crea las más especiales sensaciones haciéndome gemir de emoción. Meto y saco la dureza en la chimba mojada, me retuerzo de gozo, siento mi cuerpo invadido de emoción, las tetas duras, los pezones erectos, sintiendo como la crica rezuma sus jugos que mojan mi mano y a la par humedece la pasión. Las fuerzas me faltan, pero la sensación de felicidad me cubre toda, y generalmente termino dormida después de ese gratificante pajazo.


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